Winston Smith by Eric Blair, aka George Orwell. «Eres el último hombre. El guardián del espíritu humano…»)

Winston Smith by Eric Blair, aka George Orwell. «Eres el último hombre. El guardián del espíritu humano…»)

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Winston Smith es un personaje ficticio y protagonista de la novela 1984 de George Orwell.
Es de mentalidad cerebral y melancólica, que recuerda de forma insistente el pasado, como reacción contra la dictadura totalitaria del Gran Hermano en que vive.
«You are the last man. You are the guardian of human spirit»
Aunque no puede calcular su propia edad con exactitud, Smith cree tener 39 años1 y trabaja en el Ministerio de la Verdad, uno de los ministerios de Oceanía, uno de los tres superestados en que se divide el mundo. Sus labores incluyen las tareas de reescribir la historia, sobre todo referente al proceso de borrado sistemático de todo registro de la existencia de las personas desaparecidas o asesinadas por el Partido Único (empleándose el eufemismo nopersonas), borrando toda referencia a sus vidas, tanto escrita como fotográfica, modificando así constantemente los documentos históricos, los periódicos y libros escritos hasta tergiversar completamente su versión original.
Separado desde hace unos once años de su esposa Katherine, con quien había estado solo quince meses porque el matrimonio no había producido – «afortunadamente», en palabras de Smith2 – los hijos que ella buscaba tener «como nuestro deber ante el Partido»,2
Durante toda la primera parte de la novela (que dicho sea de paso está dividida en tres partes o “libros”) una joven llamada Julia, de unos 20 a 25 años de edad, parece seguir a Winston asiduamente. En la primera oportunidad se la encuentra en “los dos minutos de odio”, una actividad de participación obligatoria para los miembros del Partido. En esa oportunidad ella se muestra, en apariencias, como una miembro ferviente incondicional del partido, siendo la más enfática en gritar todas las consignas que se requerían para la ocasión. Unos días después, Winston comenzó a sentir que ella lo seguía, ya que había ocupado la mesa de a lado dos días seguidos en la cantina de ministerio y en otra oportunidad notó que ella lo seguía en la calle. Razón por la cual Winston cree que era una espía aficionada o lo que es peor directamente una miembro de la Policía del Pensamiento. Inclusive hacia el final de la primera parte el protagonista estuvo muy cerca de matarla golpeándola con un pisapapeles en la cabeza.
Al comenzar la Segunda Parte, ambos se encuentran en alguno de los pasillos del Ministerio de la Verdad. En ese momento ella finge una caída “casual” cerca de Winston y él la ayuda a levantarse, ella aprovecha dicha circunstancia para deslizale un papel en la mano que tenía escrito la frase: “Te quiero” de su puño y letra.
Desde ese momento la busca durante semanas hasta que un día, luego de sortear muchas dificultades para no ser observados por las telemantallas y así no llamar la atención del régimen, logran tener una brevísima conversación en la cantina del ministerio, en la cual ella lo cita en la Plaza Trafalgar de Londres. Dado que nuevamente se hallaban en un lugar público donde podían llegar a ser espiados por el Régimen, apenas pueden conversar en forma intermitente, pero logran planificar otro encuentro en un bosque a unos cien kilómetros de Londres, donde tienen relaciones sexuales sin riesgo de ser observados u oídos por alguna telepantalla o algún micrófono cercanos.
Mientras tanto, escribe sus andanzas y pensamientos en un diario comprado a un supuesto anticuario al que acaba alquilando una alcoba donde se encuentra cada cierto tiempo con Julia. Poco acostumbrado a escribir con su puño y letra, una letra pequeña e infantil, ya que en su trabajo dicta todo a la máquina speak-write, hace su primer apunte en su diario con la fecha April 4th, 1984, y procede a describir las escenas extremadamente violentas de la película que había visto la noche anterior en el cine y la reacción despiadada del público.
Un día, en su trabajo como teletipista, Smith recibe por error una fotografía de tres antiguos líderes del Partido, purgados por el Gran Hermano, a los que reconoció una vez jugando al ajedrez y bebiendo ginebra. Observa unos instantes la fotografía y la arroja a un horno crematorio común llamado “agujero de la memoria”. No observa que es observado, al igual que en la alcoba del anticuario. La tarea de vigilancia recae en la Policia del Pensamiento a través de las telepantallas que permiten por un lado difundir en foma masiva la información tendenciosa y la propaganda del Regimen, y por otro permiten a los policias observar y oír las conversaciones de las personas que estan en frente de las mismas. Asimismo, otro postulado de Orwell es una presunta guerra nuclear en los cincuenta y un ascenso al poder de “camisas rojas” con mucha similitud con los “camisaneri” del fascismo italiano o las SA hitleristas. Winston se retrotrae con frecuencia a sus recuerdos de infancia: los zapatos de su padre, las obleas de chocolate puro, su fallido matrimonio y los deseos que sintió de arrojar al vacío a su esposa que sólo coreaba consignas del Partido; la guerra atómica de los 50, los refugios antiaéreos, la tristeza profunda de un abuelo por el fallecimiento de su nieto a manos de las fuerzas aún leales a la monarquía inglesa.
Hay un encuentro casual, que prosigue en el despacho de éste último, entre un muy astuto miembro del Partido con cierto poder. En el despacho de éste, o’Brien le cede el famoso libro sobre “colectivismo oligárquico” escrito por Goldstein, el cual Julia y Winston leen con creciente animadversión hacia la dictadura en general y hacia el Gran Hermano en particular.
Prosiguen con cada vez mayor frecuencia los encuentros entre Winston y Julia, hasta ser apresados en casa del ropavejero, más concretamente en la alcoba alquilada. Son detenidos y conducidos al Ministerio del Amor, “el lugar del que nunca se apaga la luz”, cita O’brien. Allí Winston encuentra a sus compañeros de trabajo Ampleforth, poeta profesional, pero no a Syme, uno de sus pocos amigos y que de puertas para afuera era un firme defensor del Gran Hermano pero a los ojos de Winston, dejaba traslucir un odio profundo hacia la dictadura. Un día Winston grita a pleno pulmón tras una pesadilla el nombre de la persona que ama. Pocos días, semanas o meses después viene O’Brien, que le conduce a la habitación 101después de vejarle con su propia imagen demacrada y triste en el espejo, a imagen y semejanza de la tuberculosis que estaba matando a George Orwell mientras la escribía. Allí le somete al peor de sus miedos, las ratas, y grita desesperado que se las arrojen a Julia.
Desolado, engañado por O’Brien probablemente en la supuesta traición de Julia anterior a la suya, encuentra un día a Julia y hablan más bien poco. Va a un bar, pide The Times, periódico del que antes era rígido censor y ahora apenas sí se encargaba de algún trabajo accesorio sobre palabras sueltas del idioma que intenta imponer el Gran Hermano por motivos políticos, conocido como neolengua.
Con el The Times elabora un problema de ajedrez que no consigue resolver al igual que la sencilla suma 2 + 2, caballo de batalla de un despiadado O’Brien pero nunca psicótico, sino despiadado y muy consciente de lo que hacía con su subordinado, bebiendo abundante ginebra. Escucha un boletín informativo sobre una supuesta victoria del Ministerio de la Paz del ejército de Oceanía contra el eurasiático, zonas donde rige el neobolchevismo, pero que por intereses puramente estratégicos firman periódicos acuerdos de guerra o paz con una regularidad de 4 años más o menos, y que siguen utilizando la guerra convencional contra la población civil y militar en zonas periféricas del mundo. Comienza a llorar con pensamientos, es dudoso que sentimientos, de lealtad renovada hacia el Gran Hermano, dada la tortura a que ha sido sometido. De hecho, durante su encarcelamiento desea ardientemente suicidarse con una hoja de afeitar o ser muerto de una bala al grito de ¡Muerte al Gran Hermano! unos segundos antes. Morir odiando, es la libertad, citando literalmente el libro.
«¿Ves esa cosa delante de ti? Ese es el último hombre.»
«Do you see that thing facing you? That is the last man.»
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